Cuánto nos cuesta continuar en ciertos momentos...
Cuánto nos aburrimos cuando las cosas vuelven una y otra vez...
Cuánto duele gritar de dolor, y que nadie te escuche...

Jamás había deseado tanto tener una vía de escape, una forma de salir de acá.

Cuando analizo el porqué me aferré tanto a una relación, me doy cuenta que el motivo de tanto sentimiento era porque me permitiría alejarme de esta realidad. Bastaba una llamada, guardar un poco de ropa para el día siguiente, caminar, tomar una micro, tocar la puerta o hacer sonar un teléfono, y listo. Allí nadie me volvería a colapsar, me sentía libre, y por esa noche podía ser yo misma, llorar todo lo que quería, expresar todas mis rabias... y volver al día siguiente, encerrando la rabia que me causaba tener que escapar porque aquí no podía seguir. Continuando, haciendo como si nada pasaba.

Ahora no tengo esa vía de escape, porque al igual que el resto de sus promesas, me abandonó obligándome a sufrir sola cada una de esas situaciones...

Y aquí me encuentro. A casi un año. Viviendo exactamente las mismas cosas. Reaccionando diferente. Me sorprende lo madura que me puse en este tiempo. Después de todo las penas son parte de nuestro ser, y por mucho que intentemos cambiar la realidad que nos tocó vivir, hay factores que no se irán. La estupidez de ellos no va a cambiar, la soledad que genera en mi su forma de ser, esta maldita sensación de abandono y falta de hogar... no se van a ir. Ellos siempre serán los mismos, velando por su egoísta ser, no pudiendo pasar más allá de sus narices, creyendo que su vida es la única que importa, que por el hecho de vivir bajo el mismo techo les da un estatus especial que les permite destruir todo a su paso.

Cómo detesto cuando actúan así!!! Cómo me gustaría que se diesen cuenta que si siguen así las cosas se destrozarán...


Y YO NO VOLVERÉ ATRÁS.